Adicctos al placer
Vivimos un momento de transición, en el cual ya no importa la calma y bienestar, ha dejado de considerarse importante la capacidad de “estar tranquilos” que tenían nuestros antepasados, la hemos anulado y sustituido por una necesidad constante de “darle bola” al circuito de recompensa cerebral, se va atenuando poco a poco la posibilidad de la tan ansiada felicidad, que no es más que el sosiego que emerge de la idea de tener un cerebro que es capaz de disfrutar de las cosas mundanas y cotidianas, sin necesitar el “orgasmo” propio de la dopamina. Nuestros cerebros de recompensa están a tope, no hay manera de dejarlos tranquilos un momento y eso nos hace adictos a nivel global y progresivo, es decir, a cada vez más cosas, en todo momento, y hacia todas partes. Nos movemos en una neta “superficie”, no podemos parar a profundizar en nada y no existe ni una sola necesidad humana que pueda satisfacerse sin un mínimo de profundización. Nos encontramos frente al bautismo de «la sociedad de la opinión sin base».
Nos cuentan que lo importante es el deporte por salud, pero buscamos la aprobación de un cuerpo externo que sea validado. Nos cuentan que lo importante es participar y cooperar pero no podemos dejar de competir y compararnos. Nos cuentan que no son sanas tantas pantallas a partir de determinada hora, pero nos importa cero y nos inventamos gafas rojas para después necesitar otras que aún no se han inventado y contrarrestar problemas con las rojas…es infinito!. Nos cuentan que lo importante es el éxito social y cibernético, y todo el mundo vive enganchado a una pantalla dejando de vivir su propia vida real. Nos cuentan que siempre ha existido el bulling (y es cierto aunque no lo nombráramos de esa forma), pero no el ciberbulling, que complica bastante las cosas. Nos cuentan sobre las guerras y vemos la distancia de la pantalla, como cuando creemos que son los otros los que morirán y no uno mismo, como si fuera un contenido más de las redes sociales que percibimos con la distancia propia de un espectador frustrado que no consigue que su portátil vaya más rápido…se nos va…se nos desbarra la egomania…
Como bien planteaban ya los filósofos griegos en la antigua Grecia, para alcanzar el bienestar es necesario ensalzar el placer mediante los sentidos y aminorar el dolor (Hedonismo), y además crecer o realizarse a nivel de sentido u propósito vital (Eudaimonía), esto es más antiguo que el tebeo, pero ahora no se quiere ni mirar, nos hemos apartado de las cosas o valores que nos hacen estar adaptados, no podemos en ningún caso alcanzar el bienestar con la “superficie-inmediatez”, desde ahí solo hay miedo, competición, comparación y dolor, nos sentimos como un pulpo en un garaje, atrapados por un entorno que nos asfixia y no se adapta a nuestras necesidades humanas reales, lo hemos construido nosotros mismos, así es, por lo que creo que es necesario parar a reflexionar un minuto, no está de más…




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